1.1 Introducción

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Hemos dejado atrás la sociedad industrial, nos encontramos en plena era de la información. Esa es a grandes rasgos la descripción del cambio histórico y sociocultural en el que nos encontramos y es algo así como el tema de fondo del que se habla de muy distinta manera en los medios de comunicación, en las aulas, en los talleres, en las oficinas y en la calle (aunque ahora ésta ha cambiado de fisonomía y ha incorporado un espacio que muchos llaman virtual y otros prefieren llamarlo electrónico). Se habla como de una tierra de promisión, al referirse a las nuevas y desconocidas posibilidades del continente de información que suponen las nuevas tecnologías y, en particular, Internet. Y, sin embargo, ante la cuestión –pocas veces ejercitada en serio- de a qué llamamos propiamente información se abre un problema más hondo de lo que pudiera parecer. Pues cuando se ponen en tela de juicio los beneficios que casi mecánicamente debieran derivarse de estas nuevas tecnologías se nos contesta, como al modo de un geógrafo que para constatar la realidad incuestionable de una montaña desplegara sus instrumentos y nos dijera que la cuestionada tiene nada menos que una altura de 4325 metros. De modo análogo nos aseveran que la red contiene tantos Terabits (en una cantidad que cada día es superada). Sin embargo, si a ese instrumental de medida –soportado por un intrincado andamiaje conceptual- se le da una secuencia de dígitos generado –por así decirlo- por el capricho de los electrones de una resistencia seguida de un digitalizador, éste nos ponderaría al máximo la cantidad de información aportada por la fuente, y sin embargo, un solo dígito binario que nos dijera si el universo ptolemaico es o no el caso, o bien si la guerra ha empezado y, en consecuencia, tenemos todos que guarecernos en los sótanos, a eso no se le atribuiría casi ningún valor. O digamos que ínfimo al lado de las montañas de bits que lo otro representa.

Y no obstante, la Teoría Matemática de la Comunicación permite medir con éxito la capacidad de canales de comunicación y considerar la información, en sus aspectos sintácticos, como una magnitud física. Pero aquí las medidas de información sólo conciernen a promedios y a mensajes resultado de combinaciones de objetos tomados de un conjunto de opciones ya predeterminado. Sin embargo, el contenido informacional de los mensajes humanos típicos tiene propiedades semánticas propias del mensaje individual (no promediado) que no son aprehensibles en ‘bits’. Nuestro proyecto se pregunta:  ¿qué dificultades teóricas y técnicas, conceptuales y tecnológicas, impiden definir un concepto unificado de información válido tanto para cables como para organismos, tanto para antenas como para sociedades, tanto para robots o bancos de datos como para estados mentales?

Este proyecto no es interdisciplinar en un sentido retórico, sino literal. Atraviesa longitudinalmente distintas disciplinas científicas como distintas instituciones de investigación en diversos lugares y entornos geográficos, académicos y culturales. De ello da cuenta la metodología que aquí se presenta y que se ha elegido con el propósito de llegar a un equilibrio a la hora de conseguir:

a)    Que la fecundidad científica quede preservada. Es decir, la dilucidación pretende clarificar una noción de información que tenga utilidad científica, en beneficio de las disciplinas científicas para las que el concepto de información es central. En otras palabras limitar, acotar y liberar las metáforas usadas en relación a la información –como propone Krippendorf 1– para usarlas creativa, fructífera y rigurosamente.

b)    Lograr un efectivo trabajo Interdisciplinar. Lo cual implica facilitar la intercomprensión de las disciplinas involucradas en aras de un control crítico y de facilitar el desarrollo de proyectos interdisciplinares.

c)    Dar cabida al interés social. En virtud de la importancia social de la información en sus dimensiones económica, cultural y política, una consideración abierta del concepto puede vehicular intereses sociales, culturales… ocultos al punto de vista del especialista que usa la noción de información, rompiendo una ceguera que pudiera conducir a la cosificación del concepto. En definitiva, enriquecer la visión de la información con los intereses sociales.

d)    Uso y desarrollo de las tecnologías de la información. Clarificar el papel que la información y sus tecnologías puedan tener en el plano personal, social, político y cultural de cara a orientar el uso de la técnica así como su desarrollo en beneficio del desarrollo personal, social, político y cultural.

e)    Poder plantear desde una perspectiva más global (que salve los distintos puntos de vista) los problemas relacionados con la información. Es decir, plantear de cara a su progresiva resolución otros problemas estrechamente vinculados a la información como son los de la comunicación, el conocimiento, la socialización (convivencia, coexistencia…) en las sociedades plurales.



1 Krippendorff, K. (1994): Der verschwundene Bote [El mensaje desaparecido]. En K. Merten, S.J. Schmidt, & S. Weischenberg (Eds.), Die Wirklichkeit der Medien [La realidad de los Media] (pp. 79-113). Opladen, Germany: Westdeutscher Verlag.
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